Percibe el movimiento aparente

El estado natural del ojo es el movimiento. Fisiológicamente, el ojo está estructurado para moverse continuamente. Pero, tal y como ya hemos visto, en nuestro modo de vida pasamos mucha parte del tiempo
fijando nuestros ojos, concentrados en un espacio limitado generalmente sin parpadear y reteniendo la respiración.

Nosotros, al igual que nuestros ojos, también estamos en movimiento continuo. De aquí viene el denominado movimiento aparente. Se trata de la percepción de que los objetos y paisajes estáticos se mueven cuando en realidad son nuestros ojos o nosotros que nos movemos. El ejemplo más claro es cuando vamos en tren; si miramos por la ventana veremos que el paisaje se mueve hacia atrás, pero sabemos que quien en realidad se mueve es el tren y nosotros que vamos dentro.

Este movimiento aparente existe todo el tiempo; incluso con el micromovimiento que hacemos al respirar. Es importante tomar consciencia para integrarlo, juntamente con la visión periférica, para ayudar a relajar los ojos, eliminar la fijeza y ir hacia la visión natural.

Para percibirlo empieza por hacerlo en movimientos rápidos, como cuando vas en tren, coche o bicicleta, y poco a poco intenta percibirlo también al andar o al hacer pequeños movimientos. Percibe como el mundo exterior se mueve en dirección contraria a tu movimiento, todo se desplaza como si estuvieras en un túnel.

Cuando tengas cierto dominio puedes aplicarlo al leer. Las letras se desplazan en dirección contraria a tus ojos. Puedes ayudarte resiguiéndolas con el dedo.

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