Adapta tus ojos a la oscuridad

En la retina existen dos tipos de fotoreceptores: bastones y conos. Los bastones se ocupan de la visión periférica y se encuentran fuera de la parte central de la retina. Son muy numerosos –casi 120 millones–, y son responsables de la visión nocturna porque son muy sensibles a la luz de baja intensidad.

Los conos, que varían en número de 6 a 7 millones, le permiten al ojo humano tener una agudeza visual (capacidad del ojo de resolver y percibir detalles pequeños en un objeto) y de diferenciar los colores. Se
concentran en la parte central pequeña amarillenta de la retina, conocida como «mácula».

Hoy en día abusamos de la visión central, casi no utilizamos la periferia y nos es difícil percibir la noche como tal, ya que hay luces artificiales por todos lados. Hasta, en muchos lugares, es difícil ver las estrellas con tanta contaminación lumínica. Debido a esto nuestros bastones están un poco atrofiados.

Los ojos ya no pasan tiempo viendo a oscuras como antiguamente y pierden su capacidad de abrir la pupila al máximo para activar la visión nocturna.

Para poder recuperarlos es importante estimular la visión periférica y ayudar a los ojos a adaptarse a la oscuridad.

Para esto, podemos hacer algún paseo nocturno a la luz de la luna, en lugares sin luz artificial, o hacer cosas en casa a oscuras, como un baño relajante a la luz de una vela. Si estamos un buen rato, veremos como
poco a poco los ojos se adaptan y podemos ver mucho mejor.

Otro ejercicio para estimular estas células fotoreceptoras sería jugar en una habitación a oscuras con pelotas fluorescentes, pasándolas de una mano a otra, durante un buen rato.

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